introducción

Una mirada a nuestra identidad y misión
Ser escolapias hoy

LAS ESCOLAPIAS estamos convencidas que AMAR es esencial en la vida. Amar a Dios y al prójimo forma parte de nuestra identidad, de nuestro carisma.

Siguiendo el estilo de vida de Mare Paula i de Josep de Calassanç:

• Vivimos en comunidad, compartimos lo que somos y tenemos, siendo testigos de la fidelidad a Jesús.
• Nos entregamos al servicio de la educación de niños y jóvenes, en los valores humanos plenos.
• Colaboramos en la transformación de la sociedad, a través de la familia.
• Defendemos la promoción de la mujer, valorando su dignidad, identidad y formación.

Estos son los TESTIMONIOS de algunas escolapias que dejan claro, con sus vidas, que tienen "UN CORAZÓN DISPUESTO A DARSE" a Dios y a todos los que lo necesiten.

  • NIÑOS

    Orientadas a los niños y a los jóvenes

  • PROTECCIÓN

    A la promoción de la mujer

  • ACCIÓN SOCIAL Y VOLUNTARIADO

    Trabajamos para ti

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Testimonios

"Vivir con ilusión, alegría, esperanza y fe educando con los valores evangélicos"


Mª Teresa Coll


He tenido la suerte de crecer en el marco de una familia muy cristiana. Mi madre me transmitió la vivencia de su espiritualidad: un Dios cercano, un Dios Padre que nos ama y que está siempre a nuestro lado; me enseñó a sentir su presencia y a comunicarme con Él de una manera muy familiar y coloquial. Ella así lo vivió y le amó.

Esta espiritualidad arraigó en mí de tal manera que sentí la llamada a entregarme a Él y a transmitir también a los demás esta vivencia y el amor hacia Dios Padre.

Me eduqué en una escuela cristiana, nuestra escuela de Figueres. Ya en la adolescencia empecé a plantearme mi vocación de ser escolapia. No obstante, hasta llegar a los 20 años, edad con la que entré en el noviciado, pasé por diferentes etapas, inseguridades y dudas ante otras opciones. Un sacerdote que me acompañaba me ayudó a discernir lo que Dios quería de mí: que me consagrara a Él y dedicara mi vida a “evangelizar”.

La opción fue clara: la Escuela Pía. Me sentí muy identificada con la espiritualidad y la vida de San José de Calasanz. Tal como expresó en el Memorial al cardenal Tonti, sentí que la educación “es la tarea mas digna, más noble, más necesaria…” para ayudar y acompañar al crecimiento personal de los niños y jóvenes con los valores evangélicos.

He querido vivir esta tarea como Jesús nos dice en la parábola del buen samaritano:

- ¿Quién de los tres te parece que demostró amor al prójimo?
- El que lo trató con amor. Entonces Jesús dijo:
- Vete y haz tu lo mismo.

Creo que solo se puede educar amando, especialmente a los más débiles. Así lo hizo también nuestra fundadora Paula Montal. En septiembre de 2013 celebré los 50 años de mi primera profesión y el texto del buen samaritano fue el que elegí para la Eucaristía. Pedí a Dios que me ayudara a ser fiel a mi decisión de vivir así mi vocación escolapia, sea donde fuere.

"Ser consciente sobre Dios me educa y me enseña a educar con la miama paciencia con la que él me educa a mí"


Ana Moreno


“Ser escolapia hoy” es para mi enlace, reto i pasión.

Enlace, porque el enlace obliga (ob-ligare) y compromete a llevar una vida que no es únicamente mía, sino que está al servicio de los demás, especialmente de los más desfavorecidos. El enlace también me vincula a una vida compartida con otras personas, a una vida fraterna a menudo imperfecta, pero que refleja un anhelo, una nostalgia de comunión auténtica “con” y “desde” Dios, que quisiéramos vivir con toda la humanidad y que es el sueño de Dios: el Reino.

Reto, porque es preciso seguir dando respuestas desde nuestro carisma y siguiendo el estilo que Paula y José de Calasanz nos enseñaron: desde la humildad, la sencillez, la alegría... Con una mirada paciente y profunda sobre la realidad de las personas, para descubrir en ellas no las personas que vemos, sino las personas que pueden (o que podemos) llegar a ser si nos dejamos amar por Dios a través de los demás.

Un gran reto es transformar la realidad comenzando por dejarnos transformar a nosotras mismas, que somos la realidad más palpable que tenemos; desde nosotras debemos transformar nuestro entorno más cercano generando vida y humanizando los espacios donde estamos y vivimos, creando y generando posibilidades de futuro para aquellas personas (mujeres, niños y jóvenes) que no ven futuro, anunciando que otra realidad es posible desde el amor, la igualdad, la libertad, la confianza en los demás... Son valores profundamente evangélicos que humanizan y preparan el corazón para que el espíritu pueda actuar en las personas. Creo profundamente que nadie puede sentirse amado por Dios, que para mi es la puerta a la experiencia de Fe, si no se siente amado y aceptado incondicionalmente en su experiencia personal y humana. Este es nuestro RETO fundamental.

Pasión por aprender y educar; pasión por crear; pasión por las personas y por su crecimiento; pasión por la vida y por todo lo que ella genera; pasión “con” los demás y “por” los demás, especialmente los más débiles, por los que más sufren (compasión); pasión por este momento concreto de la vida; pasión por nosotros en la lucha continua y diaria para empequeñecer mi ego; pasión por la verdad, la transparencia, la confianza, incluso la ingenuidad... Pero también pasión en el sentido etimológico y en el sentido más profundamente teológico de la palabra padecer, si es necesario: por la impotencia, tanto la nuestra propia como la de los demás; por la intransigencia; por la intolerancia; por todo el sufrimiento de los inocentes a menudo generado por nuestro pecado personal y colectivo... No es un sufrimiento pasivo, sino un sufrimiento que nace del vivir desviviéndonos, del ir desgastando la vida a cada paso, error tras error, acierto tras acierto, al lado de las personas que sufren, de las que no tienen voz, de las que no ven futuro...

Ser escolapia hoy es para mí sencillamente vivir desde Dios. Pienso que Miqueas 6:8 lo recoge muy bien: “ama con ternura, actúa con justicia y camina humildemente con tu Dios”. Este Dios, además, es un Dios que me educa, como lo hace cada persona a la que dejo entrar en mi interior, y que me enseña a educar cada día aprendiendo de cómo me educa Él a mí.

Ser escolapia hoy es cansado, porque hay mucho trabajo por hacer y requiere mucha paciencia, tanto como la que Dios tiene cada día conmigo.

Me gustaría vivir aprendiendo de Él, que no se cansa nunca.

"Responder libremente a la llamada de Dios, que con su amor nos cambia el sentido de la vida"


Rosalía Haro


Ser escolapia es fruto de una llamada, de una invitación que Jesús me hizo en un momento determinado de mi vida a seguirle a Él con radicalidad, es decir, con la entrega total de mi vida. Esta llamada implica una respuesta, que debe darse, por una parte, desde la libertad, porque cambia el sentido a la vida; y, por otra parte, desde el amor, porque supone hacer de Jesús el centro de toda tu vida.

Maduré la llamada, decidí responder y comencé a dar pasos. Yo había estudiado magisterio por vocación y quería dar esa respuesta en una congregación religiosa que tuviera por “misión” la educación. Conocí varias y me decidí por las Escolapias: de ellas me gustó su trato, su estilo de vida sencillo y su preocupación por los más desfavorecidos. Así es como llegué a ser escolapia, a vivir el proyecto evangélico en fraternidad, en una comunidad donde el evangelio y la persona de Jesús se van convirtiendo en el “centro” de la vida, entregada a los demás, acompañando a niños y a jóvenes en su proceso de crecimiento humano y cristiano.

Ahora puedo contestar a la segunda parte de la pregunta “¿qué es para mí ser escolapia hoy?”.

La vida es un camino por recorrer, pues hay que vivir el presente, sin añorar al pasado ni temer al futuro. Ser escolapia hoy, en la Iglesia, es interpretar en clave evangélica el mundo actual, buscando cuáles son los signos que necesita hoy nuestro entorno para descubrir que hay algo más importante que lo material, que hay valores por los que vale la pena luchar, y para descubrir la persona y el mensaje de Jesús. Por eso, debemos vivir de manera “significativa” los rasgos esenciales del evangelio y vivirlos desde nuestro propio carisma: la educación de niños y jóvenes.

Ser escolapia hoy, como parte integrante de la Iglesia, es vivir abierta a las necesidades de los hombres; es ser presencia de Dios, testigos de su amor, en medio de ellos; es ser signo de esperanza y trabajar para construir un mundo más justo y más humano.

Debemos vivir todo esto desde el contacto profundo con el Señor, desde la oración que va modelando nuestra vida, en comunión con las hermanas y en contacto directo con la realidad que nos rodea. Debemos estar muy cerca de los niños y jóvenes a quienes educamos y, cuando ya no podamos estarlo de manera activa, debemos apoyar y animar a quienes sí lo estén, compartiendo preocupaciones y secundando iniciativas con nuestro interés, con nuestra oración, con el testimonio gozoso de una vida que se ha dado y ha dejado huella en muchas otras…

Finalmente, diría que “ser escolapia hoy” es poner el futuro en manos de Dios, es decir, vivir con confianza. Y ello nos ayudará a ser portadoras de paz.

Es un reto, efectivamente, pero es atrayente y posible para quien hoy oye en su corazón la llamada de Jesús.

"Pasar por la vida haciendo el bien, como Jesús"


Gema la Rosa


Para mí, hay cuatro experiencias fundamentales y tres ejes que puedo destacar en mi VIDA COMO ESCOLAPIA.

A. Experiencias:

1. Experiencia de MILAGRO: racionalmente cuesta entender mi opción, porque no provengo de una familia modelo creyente ni he sido nunca un “modelo” típico de nada (ni de estudios, ni de persona extrovertida, ni de artista, ni de deportista…). Era una chica “normal” con relaciones normales, de las que a veces echaban de clase por reírse… En mi historia también es fundamental una experiencia familiar compleja en medio de la cual me he sentido salvada e inmensamente cuidada por mi familia. También me he sentido afortunada por las experiencias de AMISTAD a lo largo de mi vida.

2. Experiencia de la fuerte experiencia (valga la redundancia) de estar EN MI LUGAR. Aunque en ocasiones no vea clara alguna situación, NO ME PUEDO IR porque aquí está mi verdad más profunda, me guste o no, y porque aquí me siento verdaderamente LIBRE.

3. Experiencia de FIDELIDAD: del Señor conmigo, y de mi respuesta y mi manera de vivir la obediencia. He ido aprendiendo a saber decir SÍ y a saber decir NO cuando la convicción es profunda y hay razones para definirse.

4. Experiencia de EVOLUCIÓN y DINAMISMO. Mi historia como escolapia ha ido evolucionando: de sentirme atraída por un proyecto (tarea educativa) a sentirme atraída por Jesús y el Evangelio. Todo esto lo he experimentado muy profundamente, en medio de la simplicidad de la vida cotidiana, en un proyecto concreto: las escolapias.

B. Ejes:

1. Jesucristo: que es fundamentalmente quien me ha salvado, quien me ha conducido, por quien me he sentido amada siempre y POR QUIÉN estoy aquí, PESE a todo.

- Oración y centralidad del Evangelio a través de la vida.
- Sentido de pertenencia.

2. Comunidad: sentido de comunidad amplia, (no solamente en la comunidad donde vivo actualmente). Ayuda que recibo de todas las hermanas… Ayuda de las que quiero y siento que me quieren y ayuda de las que preferiría tener lejos, pues también me ayudan a “tocar fondo” en la propia realidad.

- Para mí es fundamental EN COMUNIDAD compartir proyectos, compartir el EVANGELIO, tener sentido del humor, mostrar sinceridad, no presuponer, no interpretar… CONOCER y CUIDAR.

3. TAREA EDUCATIVA: ¿cómo se concreta la tarea educativa en mi vocación como escolapia?

- Disponibilidad, compromiso, forma de tratar a los alumnos y a las familias… “Obligación” de estar con todos, pero más cerca de los más “heridos”… cómo Jesús, como Calasanz, como Paula…

"Seguir a Jesús y hacer de este mundo un lugar más solidario, justo y fraterno"


Marta Ribera


Para mí, “ser escolapia hoy” es ser feliz; un regalo; vivir una aventura apasionante; realizarme como mujer; descubrirme amada tal como soy, de forma incondicional, y ser llamada a amar así a las demás personas; dar gratis lo que gratis he recibido; vivir una entrega generosa desde las cosas más pequeñas y cotidianas, y tener un corazón disponible para quien lo necesite.

Para mí, “ser escolapia hoy” es seguir a Jesús y con Él hacer realidad el sueño de Dios: hacer de este mundo un mundo más humano, más justo y solidario, más fraterno, viviendo como lo que somos: hermanas y hermanos, hijos de un mismo Padre.

Para mí, “ser escolapia hoy” es amar, acompañar, soñar y arriesgar.

Y todo esto, ¿cómo? Como lo hizo Madre Paula. Madre Paula fue una mujer fuerte, arriesgada y atrevida; una mujer que en su tiempo supo ver una realidad social que pedía ayuda “a gritos”. Madre Paula supo ver y escuchar la voz de Dios, que le pedía su colaboración para transformar esa realidad social injusta. Ella dijo: “Sí”. Madre Paula, inmersa en Dios, soñó. Lo que parecía un sueño se hizo realidad. Y hoy lo continúa siendo.

Para mí, “ser escolapia hoy” es seguir soñando, como Madre Paula. Es soñar que algún día todos los niños tengan la posibilidad de ir a la escuela y conocer a Jesús; que las niñas y los niños más pobres, con toda la profundidad que esta palabra tiene hoy, puedan ser acompañados en su proceso de crecimiento y encontrar su misión y su lugar en el mundo; que los niños y los jóvenes sean amigos de Jesús, se descubran amados por Él y, con Él, transformen el mundo sembrando esperanza por donde vayan.

Para mí, “ser escolapia hoy” es soñar que las mujeres crezcan en dignidad y adquieran derechos donde todavía no los tienen. La fraternidad universal es posible si la comenzamos a vivir en comunidad, junto con otras hermanas; los niños que viven excluidos y marginados se sienten acompañados por mujeres que viven con ellos y como ellos, tratando de ayudarlos a encontrar un futuro mejor y lleno de esperanza.

Para mí, “ser escolapia hoy” es soñar que al vernos, otras personas se apasionarán también por este proyecto y querrán colaborar con el sueño de Dios como lo hizo Madre Paula.

"Una manera de situarse en el mundo queriendo ser la manifestación del Amor de Dios"


Rosa Ballús


“Caminante, no hay camino, se hace camino al andar. Al andar se hace el camino, y al volver la vista atrás, se ve la senda que nunca se ha de volver a pisar.”

Cuando me sitúo en mi presente, no puedo dejar de dar gracias por el camino andado, pues es gracias a él que estoy aquí. Miro hacia atrás y resuenan en mi interior las inquietudes que determinan por qué quise ser escolapia y por qué opté por esta vida. A lo largo del camino he descubierto dos líneas conductoras que han ido cambiando de color y de matiz, pero siempre me han acompañado y han dado sentido y profundidad a mi decisión.

El deseo de pertenecerLE (a Dios) y ser suya surgió en mí desde muy joven. Este deseo me ha dado vida y me ha llevado a gozar de su amor, un amor que ha evolucionado en mí como yo en Él. El amor voluntarioso, impulsivo y eficaz se ha ido transformando en un amor silencioso, sereno, acogedor, respetuoso, y hospitalario.

La escuela fue mi segundo hogar y en ella fui muy feliz. Inicié la escolarización a los dos años de edad en el colegio de escolapias, en Olesa de Montserrat. Junto a Madre Paula he dado mis primeros pasos en la fe y en las letras y con sus “hijas” he crecido. La vivencia de mis años escolares me ha marcado profundamente. También me ha marcado el amor que mis maestras sentían por Madre Paula y que nos transmitían en su día a día; este amor fue la luz que me indicó el camino que debía seguir, y descubrí el gozo de entregarse y la alegría de compartir.

“Ser escolapia hoy” es ser una gota en un inmenso océano de amor. Es una forma de situarse en el mundo queriendo ser la manifestación del amor de Dios; optando por una vida sencilla, austera y cercana a las personas, viviendo la educación como un espacio teológico donde se puede ser un instrumento transformador de la sociedad; acogiendo y acompañando a los niños y a los jóvenes en su crecimiento personal e invitándolos a descubrir su fuente de amor interior, que da coherencia y sentido a sus vidas. Y todo ello avanzando en el camino, formando parte de una familia en continua búsqueda de Su voluntad, tanto en el ámbito personal como en el institucional, para dar respuesta a las necesidades de hoy.

¿Y tu? ¿Tienes un corazón dispuesto a dar?